Por las tardes le gustaba jugar con las mariposas que,cansadas por su recorrido, reposaban en las flores. Me agradaba verle sonreír tras verse envuelta en miles de hojas secas caídas de los árboles: parecía la princesa salida de algún cuento de hadas como los que contaba mamá. Parecía que era capaz de controlarlo todo: las problemáticas, los festejos, los funerales, los nacimientos, incluso, capaz de gobernar sobre mi vida que la observaba como quien, con dedicación, intenta no equivocarse al emplear las palabras en un texto.
Siempre atento en cada una de sus acciones, mostrando mi entusiasmo a través de un vidrio que se empañaba por el calor que la emoción me obligaba a crear y su roce con las frías temperaturas. En muchas ocasiones trataron de convencerme, insistieron en que “espiar” a una mujer desde la ventana no era saludable, y es que, abandoné todo desde el principio: los juegos, el llanto, la risa, el dolor, la incertidumbre, el amor... todo quedó tal si fueran nuevos. Todo por ver ese rostro unos segundos al día.
Una mañana, en la que corrí hasta la ventana de mi cuarto para verla salir rumbo al trabajo, y para locura mía, simplemente, la ventana no estaba en su lugar, de hecho ninguna ventana se veía por toda la casa, sólo quedaba una puerta, mas no era eso lo que yo buscaba. Mis ojos rogaban por verla pasar frente a casa, con sus zapatillas rojas ya desgatadas, la falda blanca y una especia de abrigo rojo también. Mi desesperación creció llevándome a azotar el cuerpo contra las paredes, pero ningún dolor se comparaba con la ausencia de su rostro en mi mente.Tan sólo verla me bastaba.
Hoy he decidido salir por la puerta que quedó, quizás pueda verla, esperaré a que llegue del trabajo. Estaré sentado y luego me cuestionaré si es o no factible preguntarle su nombre.
Siempre atento en cada una de sus acciones, mostrando mi entusiasmo a través de un vidrio que se empañaba por el calor que la emoción me obligaba a crear y su roce con las frías temperaturas. En muchas ocasiones trataron de convencerme, insistieron en que “espiar” a una mujer desde la ventana no era saludable, y es que, abandoné todo desde el principio: los juegos, el llanto, la risa, el dolor, la incertidumbre, el amor... todo quedó tal si fueran nuevos. Todo por ver ese rostro unos segundos al día.
Una mañana, en la que corrí hasta la ventana de mi cuarto para verla salir rumbo al trabajo, y para locura mía, simplemente, la ventana no estaba en su lugar, de hecho ninguna ventana se veía por toda la casa, sólo quedaba una puerta, mas no era eso lo que yo buscaba. Mis ojos rogaban por verla pasar frente a casa, con sus zapatillas rojas ya desgatadas, la falda blanca y una especia de abrigo rojo también. Mi desesperación creció llevándome a azotar el cuerpo contra las paredes, pero ningún dolor se comparaba con la ausencia de su rostro en mi mente.Tan sólo verla me bastaba.
Hoy he decidido salir por la puerta que quedó, quizás pueda verla, esperaré a que llegue del trabajo. Estaré sentado y luego me cuestionaré si es o no factible preguntarle su nombre.

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